
Llevo días intentando escribir esta entrada pero en varias ocasiones lo he tenido que dejar por la confusión que me produce observar la movilización contra la reforma de la ley del aborto, reforma promovida por el Gobierno.
Estoy confusa. Estoy perpleja. Estoy hastiada de tanta sinrazón. De tanto fundamentalismo. De tanta y tanta manipulación.
Según palabras de la Vicepresidenta del Gobierno, el objetivo de la reforma de la ley del aborto, vigente desde hace 25 años, es que las mujeres puedan realizar el aborto con garantía y respeto a sus derechos de intimidad, a la confidencialidad cuando se encuentran en situaciones ya de por si difíciles como es la interrupción de un embarzo no deseado. También, según la misma fuente, se persigue garantizar la seguridad a los profesionales que intervienen en estas situaciones.
Siguiendo con la información proporcionada por la Vicepresidenta, los nuevos cambios estarían dirigidos a la libre despenalización del aborto durante las primeras 21 semanas. A partir de esa semana solo se permitiría abortar siguiendo varios supuestos entre los que seguirían estando vigentes los actualmente contemplados.
Toda esta alagarabía callejera está siendo impulsada por la Conferencia Episcopal y por la plataforma Derecho a Vivir (DAV) y alentada, no nos engañemos, torticeramente por el Partido Popular que ni siquiera se atreven a hacerlo de forma directa pero envían a sus diputados a las manifestaciones diciendo que van con caracter individual aunque los mismos manifestantes populares no se privan en decir que son mirados con simpatía por el presidente Rajoy.
Las preguntas que me surgen son numerosas:
¿Por qúe salen a la calle ahora y por qué se resucita este debate que ya zanjó el Tribunal Constitucional hace 25 años?
¿Por qué estos mismos manifestantes no se manifiestan cuando el Partido Popular está en el Gobierno cuando en esos ocho años hubo en España más de medio millón de abortos?
¿Por qué en las manifestaciones que están haciendo estos días por toda España, la plataforma Derecho a Vivir en lugar de invertir en banderolas, gorras, globos, pegatinas, folletos y demás instrumentos feriales no invierten en regalar condones que evitarían los embarazos no deseados y por tanto los abortos que tanto rechazan?
¿Por qué los mismos que ahora toman las calles en defensa de una vida que no existe no invadieron en su día las mismas calles para oponerse a la matanza de miles de personas, que si existían, en la ilegal e ilegítima guerra de Irak?
¿Por qué el Gobierno tiene tanto temor a la extrema derecha y al obispado también extremo y no denuncia de una vez por todas el Concordato con la Iglesia Católica e inicia los trámite para que este país sea un Estado Laíco, acorde con un país democrático del siglo XXI?
Cuando la hipocresía inunda las calles... el estado de derecho se resiente.

































